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Seguro que en alguna ocasión te has preguntado cuál es el protector solar idóneo para proteger la piel de tus hijos. En estas líneas encontrarás la respuesta a esta cuestión y aprenderás otros interesantes consejos relacionados con los cuidados de la piel de los más pequeños.

La piel puede verse afectada por múltiples enfermedades como la psoriasis, el acné o la dermatitis. Este último trastorno destaca entre los demás por sus múltiples variedades (seborreica, atópica, ocre, etc.) y por su alta incidencia en la población.

Dermatitis atópica

La dermatitis atópica, también conocida por el nombre de eccema atópico, es un trastorno de la piel que suele aparecer en las primeras etapas del desarrollo infantil.

Se produce debido a una alteración genética que afecta a la capacidad de la piel para conservar la humedad. De este modo, nuestra piel se seca y deja de estar protegida contra bacterias y otros agentes irritantes.

El síntoma principal de este enfermedad cutánea es un molesto y desagradable picor que se produce en la zona afectada, el cual suele venir acompañado de piel escamada, manchas de color rojo o marrón e irritación.

Esta afección afecta a distintas partes del cuerpo. En los niños es más frecuente en el cuero cabelludo, codos, rodillas y mejillas. Sin embargo, en el caso de los adultos se muestra también en tobillos, muñecas, rostro y cuello.

Como bien sabes, la aparición de todos estos síntomas hace que las personas afectadas (y sobre todo los niños) no puedan evitar el rascado (en ocasiones de forma compulsiva) de las zonas del cuerpo dañadas. Este hecho hace que aumente el enrojecimiento, la irritación y el grosor de la piel, volviéndola más áspera y seca.

Se entra así en un círculo vicioso (picor, rascado, picor) que puede acarrear consecuencias muy negativas, sobre todo para la frágil piel de los bebés. Trastornos como la descamación crónica o la dermatitis irritativa pueden afectar a nuestros hijos si no prevenimos y tratamos de forma adecuada este trastorno a temprana edad.

Dermatitis atópica en niños y bebés

Características

Una característica importante de esta enfermedad en los niños es su aparición en brotes. Tu bebé pasará de períodos de calma y tranquilidad a momentos de mucho escozor y desasosiego. Aunque es difícil de controlar, existen determinados factores que pueden desencadenar estos brotes. Los más comunes son alergias, contaminación ambiental, temperaturas extremas y ansiedad. Por otro lado, los productos alcalinos (como los usados en muchas colonias) o las piscinas con cloro también pueden fomentar su desarrollo.

Prevención y tratamiento

Lo primero que debes saber para evitar esta dolencia en tu bebé es que se debe prevenir desde el nacimiento, sobre todo si el niño tiene antecedentes familiares (recuerda que se trata de una alteración genética).

Recientes estudios han demostrado que la óptima hidratación de la piel de los bebés evita de forma considerable la entrada de alérgenos en la dermis, con lo que se bloquea el desarrollo de la enfermedad. Los siguientes consejos te ayudarán a proteger a tu bebé:

– Utiliza productos de higiene neutros combinados con crema hidratante.

– Evita agentes irritantes como detergentes, jabones o humo.

– Viste al bebé con ropa cómoda de algodón o lino (no olvides lavar las prendas nuevas antes de usarlas).

– Utiliza crema de protección solar con un índice de protección alto (mínimo del fototipo 4). Asegúrate de que es hipoalergénica e hidratante. Busca además que contenga ingredientes relajantes y nutritivos, como por ejemplo la vitamina E.

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