Para evitar sustos innecesarios y saber los mejores cuidados en la piel de tu bebé, hoy descubrirás cómo de especial es la tez de un recién nacido y qué suele pasarles en sus primeros momentos de vida, así podrás saber todo sobre las atenciones más apropiadas para ellos.
¿Qué características tiene la piel del recién nacido?
El recubrimiento de un lactante tiene una serie de particularidades especiales que son importantes que conozcas. Hay que decir que la principal diferencia que caracteriza a los niños en estas edades es, que tienen una dermis más fina y delgada; esto se debe a que la zona más externa aún no está totalmente desarrollada. Esta capa externa, llamada estrato córneo, es la que evita las infecciones, regula la temperatura o controla las pérdidas de agua entre otras funciones. Debido a esto, es la principal razón por la que todos los bebés son más propensos a padecer ciertas irregularidades cutáneas que no hay que temer, ya que con unos buenos conocimientos y un trato adecuado suelen ser pasajeras. Se trata de una serie de alarmas que como mamá tienes con tu hijo, cuando lo expones al exterior.
Además, al nacer, el pH está cerca de 6.5, es decir, es más básico que el que la piel tendrá en su época de niño o adulto. Conforme van pasando las semanas, va a cambiar a pH 5.5, más ácido e igual a los valores normales, con una capacidad defensiva mayor. ¿Qué consecuencias tiene esto? Al ser una dermis con un ph más básico, no tiene capacidad suficiente para defenderse de agentes externos, siendo su función protectora menor y teniendo más disponibilidad para infecciones cutáneas.
Por otro lado, las glándulas sebáceas son escasas y tienen un menor desarrollo del sistema inmunitario, factor que hay que sumar a lo anterior, justificando un menor mecanismo defensivo que un adulto; causa por la que, a estas edades, es normal que veas enfermedades infecciosas o inflamatorias en tu hijo.
Alteraciones más comunes en la piel del bebé
Como ya hemos explicado, es un órgano sensible y delicado que al ser todavía inmaduro, sufre perturbaciones que son comunes en esta época y, en general, no necesitan tratamiento debido a que son benignas y con el tiempo suelen desaparecer.
1. Dermatitis del pañal: es lo más común en los primeros meses y puede llegar hasta los dos años. Aparece irritación en la zona del pañal con inflamación y enrojecimiento en genitales, glúteos, pliegues inguinales o zona perianal. La causa es la humedad por el contacto con orina y heces, dando un cambio de pH en la zona.
La mayor consecuencia que puede tener es una infección por hongos como Cándida o por bacterias. Esta situación puede verse más agravada porque con la salida de los primeros dientes, los bebés suelen tragar una mayor cantidad de saliva, haciendo que las heces sean más líquidas y ácidas, lo que aumenta la irritación.
Como consejo, debes cambiar con mayor frecuencia el pañal, haciendo hincapié en limpiar y secar la zona; siendo aconsejable usar cremas con óxido de Zinc que tienen capacidad de cicatrización.
Si tuvieras la mala suerte que tu bebé tiene infección por hongos o bacterias, es imprescindible usar antibióticos, antifúngicos y corticoides con la prescripción de especialistas.
2. Acné neonatal: se parece al acné de un adulto pero en los primeros meses de vida. Tu bebé tendrá en frente, mejillas o barbilla, pápulas inflamatorias parecidas a espinillas o comedones, más conocidos como puntos negros.
Esto se debe a que sus glándulas sebáceas están sobreestimuladas por los hormonas maternas y del propio bebé.
Es una alteración que puede causarte mucha tensión pero no hay que asustarse porque suelen desaparecer solos sin tratamiento.
3. Costra láctea: técnicamente se conoce como dermatitis seborréica infantil. Es más común de lo que piensas y son escamas amarillas en el cuero cabelludo del recién nacido. A veces también les aparece en cejas, mejillas o pliegues de brazos y piernas.
Existen emulsiones con Keluamida que sirven para su tratamiento. Esta sustancia ablanda las escamas porque tiene acción queratolítica, es decir, destructora de la capa dura que se ha formado.
4. Sudamina: también llamada miliaria. Es un sarpullido porque las glándulas sudoríparas están ocluidas. Su manifestación son granitos rojos o blanquecinos en cara, cuello o parte superior del cuerpo. También desaparecen espontáneamente, por lo que no es necesario ningún tipo de tratamiento. Para mejorar sus efectos es útil evitar calor en exceso y usar ropa que ayude a transpirar.
5. Dermatitis atópica del lactante: se debe a una alteración de lípidos cutáneos, perdiendo la función de barrera. Esto causa sequedad, enroquecimiento y picor. Notarás que tu bebé se rasca con frecuencia incluso haciéndose heridas. Como ayuda, los baños con aceites hidratantes y jabones sin detergentes para restablecer la barrera cutánea, suponen una mejora para tu hijo.