La lactancia materna no es color de rosa. Tiene, como todo en esta vida, su costado menos luminoso. Si tienes dificultades para dar la teta, si no te baja suficiente leche o si tu bebé no se prende correctamente y te lastima… No te deprimas ni te des por vencida. Todo tiene su causa y su posible solución. Aquí, algunas ideas al respecto.

Cuando la lactancia se complica

Comencemos por el posible origen de tu problema. A muchos bebés les cuesta mamar; quizá lo hacen prendiéndose mal a la teta y succionando poca leche, por lo que se quedan con hambre y lloran. Otros, directamente rechazan el pecho. ¿Por qué? La forma y el tamaño de los pezones son razones más que suficientes. Cuando la boca del peque es demasiado chica o el pezón es plano, el lactante encuentra impedimentos para nutrirse. Otros motivos que pueden llevar a un recién nacido a no mamar a gusto son: el uso de un perfume, ruidos molestos en derredor de la experiencia de amamantamiento, el gusto de la leche (puede variar cuando la madre tiene la regla o come algo muy picante) o una mala postura al mamar.

Ármate de paciencia. No será sencillo, pero no claudiques. Sigue leyendo y buscando soluciones.

¿Qué hacer para que dar el pecho sea mágico?

Procura estar piel con piel con tu criatura la mayor parte del día. Es decir, contacta con tu bebé de manera integral. Debe sentirte cerca; oler tu piel y refugiarse en tu calor. Además, procura seguir estos consejos:

1. Acomoda bien al bebé. Acércalo a tu pecho. Su labio superior y su nariz deben quedar frente al pezón. Con leves movimientos intentará alimentarse de manera espontánea. No lo apures; toma tiempo aprender a agarrarse a la teta.

2. Usa pezoneras. Cuando al bebé le cuesta succionar y, al hacerlo, lastima, se aconseja su uso. Son cobertores del pezón de material siliconado. Protegen el pecho y tienen la forma en punta que, muchas veces, la teta carece. Te serán prácticas para los inicios. Una vez que succione bien, podrás hacer prueba y error hasta que logres que se agarre al pecho sin problemas.

3. Relájate. Dar de mamar no debería asociarse a la idea de dolor, tortura ni tensión. Procura tomarte tu tiempo privado dar el pecho a tu bebé. Amamanta sin suegra, madre, vecinas ni cuñadas presentes. Haz de ese momento tu rato de intimidad con tu hijo o hija. Intenta bajar revoluciones y disponte a disfrutar.

4. Sigue tu intuición. Antes de abandonar la lactancia debido a los inconvenientes o iniciar una lactancia a base de leche de fórmula, piensa realmente qué quieres para tu peque. Si crees que eres capaz de dar el pecho, sigue buscando alternativas. Y consulta a alguien experto en lactancia, de ser necesario. Un buen asesoramiento a tiempo calma ansiedades y mejora la situación.

5. Alivia tu dolor de pezones. Emplea crema de caléndula, aceite de oliva, gel de aloe vera o masajea con gotitas de aceites esenciales, como la de árbol de té. Todo lo que ayude a cicatrizar y bajar la inflamación contribuirá a mejorar la experiencia del amamantamiento.

En síntesis, la lactancia materna puede iniciarse como una misión complicada, pero no es imposible. Sigue estos consejos a pie juntillas y comienza a disfrutar de la experiencia de amamantar a tu bebé. Ambos lo merecen.

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