Si estás lactando a tu bebé, probablemente una de tus preocupaciones sea mantener alejada la mastitis. Aunque dolorosa, esta enfermedad es recurrente durante las primeras 12 semanas tras el parto, afectando aproximadamente al 3 % de las madres.
Por suerte, superar este episodio al cabo de 24-48 horas es muy sencillo si cumples una serie de recomendaciones. ¿Quieres saber en qué consisten?
Mastitis, ¿una inflamación exclusiva de la lactancia?
Esta patología cursa una inflamación en la glándula mamaria y aunque es más propia de la lactancia puede manifestarse fuera de ella (mastitis no puerperal) como consecuencia, por ejemplo, de una alteración benigna del pecho o por enfermedades como la tuberculosis.
Dentro de la mastitis puerperal o durante la lactancia la intensidad de sus síntomas puede oscilar entre:
– El eritema o enrojecimiento, endurecimiento, dolor, hinchazón y calor de la zona del pecho afectada.
– La presencia de fiebre superior a los 38,5º C, malestar general, falta de apetito o escalofríos como añadido a lo anterior.
– El absceso de pus por falta de tratamiento oportuno en las fases incipientes requiriendo drenaje quirúrgico.
En el 50 % de los casos su origen es bacteriano, concretamente por la entrada del Staphylococus aureu a través de grietas o fisuras en el pezón causando la infección. Sin embargo, ten en cuenta que no es lo mismo mastitis e ingurgitación mamaria.
Es común que en las tres primeras semanas tras el parto aumente el nivel de prolactina y la madre produzca más leche de la que el bebé puede asimilar. Este exceso de leche genera inflamación, pero no infección.
En una menor proporción, la mastitis puede ocasionar dolor intramamario en forma, por ejemplo, de pinchazos en el pecho o molestias en el pezón por alteraciones en su flora.
¿Es posible prevenirla?
La respuesta en un rotundo sí. Si deseas mantener la mastitis alejada solo necesitas llevar a la práctica estos consejos:
– Asegúrate de que tu bebé está bien colocado y vacía el pecho. Su barbilla debe estar próxima a tu pecho y debéis tocaros las barrigas.
– Utiliza compresas de calor húmedo o masajea el pecho para facilitar la salida de la leche.
– Si sospechas que aún queda leche extráela manualmente con la ayuda de un sacaleches.
– Extrema tu hidratación y no descuides tu dieta.
– No te saltes ninguna toma ni acortes su duración repentinamente.
– Procura no dormir boca abajo ni uses sujetadores demasiado ajustados.
– Si, por el contrario, ya la has contraído, aplícate compresas frías sobre el pecho después de las tomas como analgésico, incrementa la frecuencia de estas, guarda reposo al menos durante 24 horas y finaliza el tratamiento de antibióticos o antiinflamatorios que te haya prescrito el ginecólogo.